Vino dulce

Los vinos dulces son la elección perfecta para armonizar y acompañar postres y ciertos quesos. El azúcar del postre y el del vino están a la misma altura. Es importante tener en cuenta la calidez o la frescura de la elaboración y dependiendo de las características de los ingredientes como la acidez de las frutas. Por ello, es necesario contrastar la frescura del plato con la calidez del vino para exprimir todos los sabores en su conjunto.

La textura de postres en los que aparecen masas hojaldradas y crujientes precisan de no excesiva carnosidad y cierta frescura.  Se debe pensar también en la prolongación de sabores afines entre fruta y vino. En este caso, vienen muy bien los vinos dulces como el Oporto. Y para frutas rojas, se combina muy bien con el Pedro Ximénez u olorosos con frutos secos, nueces y orejones. También, Moscateles y vinos de podredumbre noble para las macedonias, miel y naranjas. El Riesling de vendimias tardías es ideal para  postres elaborados con limón, mousse, sorbetes, etc.


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